El aprender a aprender y aplicar las matemáticas ha de ser una meta que debe conseguir todo el alumnado. Para ello, en las escuelas se deben crear, reinventar o aprovechar situaciones que hagan a los alumnos adquirir una amplia gama de aprendizajes significativos por sí solos. Los alumnos deberían lograr aplicar los conocimientos adquiridos. Debido a que las matemáticas que se enseñan y aprenden en la escuela han de servir tanto para estudiar otras materias, como para resolver exigencias y problemas matemáticos que encontrarán los niños fuera de ella.
Es necesario incorporar al aula los resultados relevantes de las investigaciones educativas, mejorar las técnicas docentes y facilitar el aprendizaje del alumnado.Es importante que exista coherencia entre la práctica matemática y la práctica escolar. Muchas veces en las escuelas se insiste más en la memorización de hechos, datos y resultados matemáticos. También se observa que el trabajo en matemáticas se reduce al uso del libro, del lápiz y del papel.
Si consideramos a las matemáticas como un conjunto de procesos, la labor de la escuela, entre otras, consiste en ayudar a los niños a matematizar, es decir favorecer en el alumnado los procesos de comparar, clasificar, ordenar, abstraer, simbolizar, generalizar, etc. La tarea está en decidir qué procesos pueden ser más útiles para la vida en sociedad de estos niños y qué experiencias de la escuela pueden ayudarles a aprender esos procesos.En las aulas, los contenidos y los temas matemáticos han de ser adecuados a las posibilidades, competencias y capacidades reales de los alumnos y al contexto en el que se desarrolla la vida de éstos. El proceso de enseñanza - aprendizaje de las matemáticas debe dirigirse a impartir conocimiento y a desarrollar las habilidades del pensamiento. Es difícil alcanzar uno de ellos hasta un grado significativo sin hacer algún progreso en el otro.

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